En la consulta, muchos de mis pacientes tienen enfermedades crónicas. ¿Por qué las son un reto para el personal sanitario? Algunas claves y una reflexión sobre el vínculo terapeútico.

Enfermedad aguda y enfermedad crónica

En una enfermedad aguda como en una apendicitis, por ejemplo, la causa de la enfermedad es claramente conocida y externa al paciente que la padece. La capacidad y por tanto el poder para solucionar el problema recae sobre el profesional. El paciente ejerce un rol pasivo dejando actuar al “experto”.

La relación que se establece entre ambos es más una especie de prescripción por parte del profesional sanitario y obediencia por parte del paciente.

Esta intervención tiene un tiempo limitado y la evolución, si no hay complicaciones, es hacia una cura o desaparición del problema. La recaída en la enfermedad aguda significa un error que no debió suceder. La lectura de tal evento siempre tiene connotaciones negativas.

Por el contrario, ante una enfermedad crónica la causa es multifactorial, ambigua y compleja, como por ejemplo en el caso de la obesidad. El paciente experimenta cierta culpa o vergüenza por padecerla y es por lo que del otro lado necesita de profesionales que no lo culpabilicen y comprendan que nadie enferma porque quiere o porque no tiene voluntad.

El encuentro de estas 2 personas: paciente-profesional, se prolongará en el tiempo al tratarse de una enfermedad crónica que no llegará a curarse, pero sí a tener un mejor control, lo cual evitará que se complique con nuevas patologías e incluso lográndose revertir algunas condiciones que la acompañan y que mejoran notablemente la calidad de vida.

Las recaídas en los tratamientos de las enfermedades crónicas son un componente esencial para aprender a gestionar la enfermedad. De las recaídas se aprende, son necesarias y se abordan de a dos: paciente-profesional.

ENFERMEDAD CRÓNICA 1

Alejarse de la prescripción

Si pensamos que el paciente hará lo que le digamos porque somos los “expertos”, estamos muy confundidos. El paciente solo hace lo que nosotros decimos solo cuando esta sedado, el resto del tiempo hace lo que cree conveniente. Es por eso por lo que la instancia educativa va de la mano del tratamiento, en mi caso, nutricional de las enfermedades crónicas.

Tomarnos el tiempo para conocer al paciente, cuál es su historia, cómo vive, cuáles son sus creencias limitantes, que cosas lleva a cabo porque se lo dijo otro profesional o porque lo ha visto en Instagram, escucharle, comprender lo que siente y ayudarle a entender qué le sucede y cómo puede mejorar.

El vínculo terapéutico es el centro del tratamiento, sin esta alianza, no hay resultados que se consoliden en el tiempo. La prescripción, la imposición y el mensaje unidireccional por más titulaciones que tengamos, es un fracaso.